Fracta

“Un día empecé a quebrarme. Primero, por dentro, no en las entrañas, sino en el alma. Luego en lo externo. En realidad, no recuerdo el orden de los factores, pero sí fui consciente más delante de que ese quebranto marcaría quién soy y hacia dónde me dirigía.

Mi obra Fracta es un tríptico de dolor, de rotura, de emoción. Cuando el dolor se convierte en una constante, como lavarse las manos, peinarse o ducharse; en una imagen fija, permanente, angustiosa; se transforma en obsesión. Mi obsesión. Nunca antes en mis creaciones había expresado esta experiencia así, tan explícitamente. Eran más bien pedazos, esbozos, recuerdos de aquello. En Fracta desnudo algo muy íntimo. Es la historia de un proceso de aceptación personal, cuando mi mundo se vio asediado por un dolor físico continuo, que se apoderó de mi identidad.

A través de esas extremidades cortadas, partiendo de una rodilla que desestabiliza, poco a poco, toda la estructura ósea hasta dañar los ligamentos, quiero expresar el dolor, mi dolor, que me oprimía y encerraba todos mis sueños en una jaula. Me sentía una muñequita, de esas que se desarman con facilidad, con miembros de quita y pon. A modo de fractales matemáticos, todo se enreda en líneas punzantes, que atraviesan los cuerpos desnudos. Todos ellos, el mío. Destinado, como el de las mártires del siglo XVII con sus dorados bizantinos, a una especie de tortura incomprensible. El zapato de tacón, un objeto tan atractivo para mí, se convirtió en algo prohibido, y, por lo tanto, deseado símbolo de feminidad. Una danza, tantas veces alivio en mis momentos de ira, acompaña al tríptico, como un recuerdo efímero de mis movimientos libres y luego torpes. De mi lucha por seguir la línea natural de mis caderas.

Una vez más, vuelvo a utilizar un lenguaje cargado de símbolos, metáforas y fetiches para expresar un universo tan personal. Unas medias rasgadas, collages de recortes con desnudos de los años 20; juguetes del siglo pasado, pertenecientes a mi abuela paterna, representando el pilar de vida que fue para mí; el acrílico chapoteado de manera nerviosa e improvisada, reflejo de desesperación y ansiedades varias; fragmentos de revistas vintage en francés, un idioma que no entiendo, lejano a mi realidad y que representa lo que supuso psicoanalizar mi recuperación; el polvo de color opaco del “pastel” y el reciclaje, son algunos de los elementos de los que me he servido para transmitir las encontradas emociones sentidas durante este proceso.

Hoy Fracta convive conmigo, me eleva en un eterno échapé. Puedo expresarla porque ha mutado como yo. Después de muchas fases, ella soy yo también, y al ser yo, duele menos. Lo que antes era merma, ahora es superación y cobijo.”

Miriam Martínez Abellán

Fracta del latín, «Quebrada», es el título de un trabajo personal que realicé para un proyecto mayor titulado Obsesio junto a artistas internacionales; Polonia, Francia, Australia, y EE.UU. Coordinado por Belén Conesa desde la residencia de Arte Contemporáneo «La Postiza» de Murcia, se pudo materializar en el Centro Párraga de la misma ciudad.

Collage analógico, acrílico, pastel y tinta sobre papel

 23 x 14 cm

«One day I started to break down. First, inside, not in the guts, but in the soul. Then on the outside. I don’t really remember the order of the factors, but I did become more aware that this breakdown would mark who I am and where I was headed.

My work Fracta is a triptych of pain, of rupture, of emotion. When pain becomes a constant, such as hand-washing, combing or showering; it becomes a fixed, permanent, distressing image; it becomes an obsession. My obsession. Never before in my creations have I expressed this experience so explicitly. They were more like pieces, sketches, memories of it. In Fracta naked something very intimate. It is the story of a process of personal acceptance, when my world was besieged by continuous physical pain, which took over my identity.

Through these severed limbs, starting from a knee that gradually destabilizes the entire bone structure until it damages the ligaments, I want to express the pain, my pain, that oppressed me and locked all my dreams in a cage. I felt like a little doll, one of those dolls that can be easily disassembled, with removable limbs. Like mathematical fractals, everything becomes entangled in sharp lines, which run through bare bodies. All of them, mine. Destined, like the martyrs of the seventeenth century with their Byzantine gilt, to a kind of incomprehensible torture. The heeled shoe, an object so attractive to me, became a forbidden thing, and therefore a desired symbol of femininity. A dance, so often a relief in my moments of anger, accompanies the triptych, as an ephemeral memory of my free and then awkward movements. Of my struggle to follow the natural line of my hips.

Once again, I use a language full of symbols, metaphors and fetishes to express such a personal universe. Ripped stockings, collages of nude clippings from the 1920s; toys from the last century, belonging to my paternal grandmother, representing the pillar of life that was for me; the nervously improvised acrylic splashed in a nervous and improvised way, a reflection of despair and various anxieties; fragments of vintage magazines in French, a language I do not understand, far from my reality and which represents what it meant to psychoanalyse my recovery; the opaque coloured powder of «pastel» and recycling are some of the elements I have used to convey the emotions I felt during this process.

Today Fracta lives with me, elevates me in an eternal échapé. I can express it because it has mutated like me. After many phases, she’s me too, and being me, it hurts less. What used to be waste is now overcoming and sheltering.»

Miriam Martínez Abellán

Fracta del latin, «Quebrada», is the title of a personal work I did for a major project entitled Obsesio, along with other international artist; Polonia, Francia, Australia, y EE.UU. Coordinated by Belén Conesa from the residence of Contemporary Art » La Postiza » of Murcia, it could materialize in the Centro Párraga of Murcia.

Analogical collage, acrylic, ink on paper

23 x 14 cm