Florecer. 2022

Obras expuestas dentro del Proyecto «Hand Motif» de Miriam Martínez Abellán seleccionado por dos municipios dentro del Plan EXE de Espacios Expositivos 2022 del ICA, Instituto de las Industrias Culturales y las Artes de la Región de Murcia. Estuvo expuesto en el Edificio Cima de Abarán (Del 8 al 22 de marzo de 2022) y en las Casas Andalusíes del Museo de Siyâsa de Cieza (Del1 de abril al3 de mayo de 2022).

La escritora e investigadora Ana Isabel Galván, articuló el texto que acompaña la exposición.                                                                                              

 La voluntad de unas manos

Decía Derrida en su ensayo El tocar que la mano, en cualquiera de sus naturalezas (golpe, caricia) se encuentra dirigida a un otro. Es un contacto que se dirige “a un «quién» más que a un «qué», al «prójimo» más que al otro en general”. Las manos, omnipresentes en el arte, bien como detalle, bien como centro. Basta pensar en la mano que aparta a la Magdalena –Noli me tangere– imponiendo su divina distancia; en la mano hendida en la carne del muslo de Proserpina; en la mano de la Caridad sosteniendo un corazón llameante. Las manos, en efecto, parecen moverse bajo el impulso de una gama inacabable de pasiones: de la fuerza a la suavidad, de la agresión a la resistencia.  Es por ello que un recorrido por Hand Motif, de Miriam Martínez Abellán, despierta y alimenta nuevamente esa pregunta: ¿a quién tocan estas manos? ¿A qué voluntad obedecen? ¿Qué son capaces de construir o destruir?

La respuesta a estas preguntas podría encontrarse en las pistas que cada una de estas piezas deja tras de sí. Encontramos aquí unas manos que tocan al otro: un otro desposeído, fragmentado, pero restituido en la obra. Con su tratamiento de la figura femenina, Martínez Abellán señala la mirada masculinizada que violenta e imprime su huella asoladora; y lo hace mediante unas manos que tienen el efecto contrario: crear, preservar. Cuidar. Prácticas como el collage, el assemblage o el objeto intervenido materializan esta doble potencia de ruptura y sanación: abandonan la forma, el trazo o la función original para alumbrar un nuevo sentido. No casualmente, la artista ha escogido una disciplina que brinda la oportunidad de palpar los materiales, sondeando sus límites y volviendo al primitivo juego del arte: la sutura de las brechas inflingidas por un mundo hostil. En este acto demiúrgico, la mano puede unir lo paradójico e inconexo; tentar lo conceptual más allá de lo tangible, y hacerlo visible ante nuestros ojos.

Encontramos aquí unas manos que conocen los caminos. Martínez Abellán demuestra su comprensión intuitiva de lo háptico y lo visual en su elección de elementos, escasos (en ocasiones, incluso tendentes al minimalismo formal), pero provistos de fuerza icónica: objetos simbólicos, ingeniosas combinaciones plásticas, metacrilatos que imponen una barrera a nuestra mirada. Las manos de Martínez Abellán son silenciosas: actúan desapareciendo, permitiendo que sean los propios objetos e imágenes quienes hablen, quienes suenen, quienes marquen la cadencia de su ser. La formación musical de la artista no pasa aquí desapercibida: en la serie Hand Motif, la simplicidad cromática y las manos danzan mutuamente, generando una suerte de variaciones que encarnan la dinámica de un leitmotiv. Una melodía visual que parece emular el carácter cíclico de acciones y patrones que, a través de la cultura o de la herencia, se han perpetuado a lo largo de la historia de la humanidad. Piezas cuyo ritmo refleja la búsqueda palpitante en todo artista de vanguardia: trascender el marco de la obra y dialogar con las artes, las miradas, el tiempo.

Pues encontramos aquí unas manos que atestiguan en sus surcos la fragilidad del tiempo, pero encarnan también su más poderosa némesis: la memoria. Las manos no mienten, defenderían los quiromantes: nadie escapa a la historia contenida en sus líneas. Tampoco lo hace Martínez Abellán: las manos, visibles o invisibles, de esta muestra, remiten a la historia que la trajo hasta aquí. Es ya un motivo reconocible de la artista su rescate, concienzudo, clarividente, de vestigios del pasado (recuerdos familiares, objetos o fotografías antiguas), a las que insufla el soplo de la imaginación. Una fascinación por lo analógico sólo comparable a su instinto de apropiación, que pretende enfrentar la distorsión de la verdad que el olvido y la pérdida arrastran consigo. Encontramos aquí unas manos que entrelazan el pasado y el presente de la obra y su hacedora. Escribe Pedro Salinas: No son caricias, no, lo que repiten / pasando y repasando sobre el hueso / son preguntas sin fin, son infinitas / angustias hechas tactos ardorosos. El ardoroso tacto de Martínez Abellán es un tacto que redime y restaura, pero también hurga, interroga, resiste. Ha de ser el espectador quien, de entre las múltiples voluntades de estas manos, decida cuál prevalece, cuál conservará dentro de sí al salir de esta sala. Pues estas manos devuelven la vida a lo que quizá nunca estuvo vivo; pero esa vida, como todas, sabrá desligarse de su origen, reclamando una hermosa libertad para existir.

Fotografía: Andrea Glez

 

Florecer. Collage analógico. 18 x 18 cm. 2022
La ansiada primavera. Collage analógico. 18 x 18 cm. 2022
Ebria certeza. Collage analógico. 18 x 18 cm. 2022
Museo de Siyâsa. Cieza. 2022
Edificio Cima. Abarán. 2022